Los 40 minutos (o más) del entrenador zen

octubre 20, 2018

Partido de baloncesto. Última posesión. Tu equipo (eres el entrenador) pierde de 1. Tenéis el balón y es la última posesión, lanzáis y …

  1. Metéis y ganáis
  2. Falláis y perdéis
  3. Recibís falta, lanzáis tiros libres, metéis solo uno y empatáis

¿Cómo reaccionas como entrenador? ¿Qué les dices a tus chicos?

CONSEJO 1, sobre cómo afrontar ANTES el partido: SI QUERÉIS GANAR, DEBÉIS ESTAR PREPARADOS PARA PODER PERDER

Aceptar que se puede perder (o fallar un último lanzamiento) es crucial para no alterarse (tener miedo) antes o para no enfadarse después. Y así, mantener la mejor concentración posible y seguir jugando al mejor nivel en busca de las máximas opciones de ganar.

Ejemplo: Jaume Ponsarnau, actual entrenador del Valencia Basket, habla siempre de 40 minutos o más, al referirse al tiempo de juego.  Con esto, demuestra estar preparado para cualquier posibilidad. Curiosamente, él mismo como entrenador tiene el récord de prórrogas en un mismo partido de la Liga Endesa, cuando entrenaba al Manresa (temporada 2008-09), donde tuvo que dirigir hasta cuatro prórrogas para derrotar al Barça (122-117).

CONSEJO 2, sobre cómo vivir el partido: HAZ DE ENTRENADOR Y NO DE SEGUIDOR

Como entrenador, debes liderar a tu equipo enfocándolo hacia la mejor concentración posible para rendir al máximo nivel de que sois capaces, en busca de tener las mejores opciones de competir y en consecuencia ganar. Por lo tanto, tu control emocional es clave ya sea para realizar bien tu tarea (análisis y toma de decisiones bajo estrés) como para dar ejemplo a tus jugadores y transmitirles el estado emocional idóneo que ayude a poder mantener la tensión más adecuada y la mejor concentración posible.

Ejemplo: Seguimos con el mismo entrenador, Jaume Ponsarnau. Y lo ilustramos con un vídeo. Observa si quieres primero cómo discurre la jugada que da la victoria in extremis al Valencia contra el Obradoiro (Liga Endesa). Pero luego, dedica varias repeticiones a mirar cómo sigue Ponsarnau la jugada. Su control emocional le permite mantener la concentración y estar preparado para tomar las decisiones que hiciese falta si el partido hubiese seguido (o encajar el resultado adverso de la forma más provechosa para seguir creciendo como equipo). Si os fijáis, a diferencia de los jugadores, que celebran la victoria justo después de anotar, él sigue controlándose (respiración) y atento a los árbitros y a la mesa de oficiales, hasta que no se certifica la victoria. Está preparado para todo lo que pueda pasar.

CONSEJO 3, sobre cómo valorar después el partido: TRATAR IGUAL LAS VICTORIAS QUE LAS DERROTAS

¿Cómo reaccionas si pierdes o si empatas? Si te enfadas, ¿cómo va afectar esta reacción emocional después? ¿Cómo afrontas la prórroga desde la frustración? ¿Cómo aprovechas la derrota desde el enfado?

Queremos ganar y esto es irrenunciable. Pero el mejor planteamiento para ganar es el que se enfoca hacia CÓMO JUGAR para tener las máximas opciones de conseguirlo. Cuando ganar o perder acaba dependiendo de un último lanzamiento, ¿cambiará ese singular acierto o fallo tu valoración global del partido? Si te dejas llevar por la reacción emocional, seguro que sí. Ahora bien, si la valoración del resultado la realizas a partir del trabajo planteado a priori y realizado a lo largo de todo el partido, y sobre todo, tomándolo como parte del proceso de crecimiento del equipo, entonces serás capaz de tratar por igual la victoria que la derrota (NOTA: Esto se acaba concretando en un consejo muy directo: si un día pierdes por 1, diles a tus chicos lo mismo que les dirías si ganaseis por 1).

Jaume Ponsarnau, entrenador Liga Endesa de Baloncesto (foto: Solobasket)

Lo de entrenador ZEN es una concesión para generar un título-gancho, lo reconozco. Pero explica gráficamente las cualidades clave (inter-conectadas entre ellas) que hacen que un entrenador pueda afrontar lo mejor posible la exigencia psicológica que implica dirigir un partido de baloncesto:

  • Estar en el aquí-ahora te permite estar atento a la información útil para realizar un correcto análisis de la situación (integrando toda la información, que es mucha) y tomar (y luego transmitir) la mejor decisión posible.
  • Aceptarlo todo como posibilidad, te permite ni tener miedo a que pase cualquier cosa, ni a enfadarte por el hecho que haya pasado. Te ayuda, por lo tanto, a mantenerte en el presente.
  • Mantener la calma puede ser una consecuencia de lo anterior, o provocarlo. Sabemos que las situaciones que se viven en el banquillo profesional son a veces tan estresantes (o exasperantes), que saber mantener el control emocional se convierte en un recurso indispensable para seguir conectado con el juego y no dejarse llevar por el significado de lo que está pasando o puede pasar.

por Joan Vives Ribó
Psicólogo del deporte
Autor del libro “Entrenando al entrenador…

Anuncios

¿El psicólogo? ESTÁ ALLÍ, gracias.

julio 28, 2014

 

El fichaje de Joaquín Valdés como psicólogo del primer equipo del FC Barcelona junto al entrenador Luís Enrique, y su presencia habitual en los entrenamientos junto al míster, está dando visibilidad al rol del psicólogo dentro del staff técnico.

En la web del Barça comentan las diferentes funciones de los técnicos de la actual plantilla (ver el video clicando aquí) aunque de todos los roles, el del psicólogo es de quien menos se intuyen sus funciones por las imágenes (y tampoco las explican).

Los hombres de Luís Enrique

Staff técnico del FCB 2014-15. Joaquín Valdés, a la derecha (Fuente: http://www.fcbarcelona.es)

Pero lo que está claro es que el psicólogo… ESTÁ ALLÍ (en los entrenamientos, en los partidos, en las reuniones…).

ESTAR ALLÍ es tremendamente importante por varias razones:

  • El psicólogo se “empapa” de las dinámicas que se dan en los entrenamientos, partidos, desplazamientos, concentraciones… Esto le permite entender mucho mejor el contexto para después poder asesorar al entrenador (y ayudantes) o poder ayudar a los jugadores.
  • Los jugadores ven al psicólogo como un técnico más, cosa que ayuda a que se desvanezca la imagen ya tan desgastada del psicólogo como alguien que trata problemas clínicos fuera del entorno deportivo. El psicólogo es un entrenador más que se cuida de las habilidades psicológicas de los jugadores o de la gestión que hace el entrenador de los aspectos psicológicos presentes en la vida del equipo.

Pero hay más… El psicólogo puede ESTAR ALLÍ aparentemente sin hacer nada, aunque en realidad está haciendo mucho. Tal como he dicho antes, el psicólogo está observando constantemente aquellos factores presentes en la vida del equipo que pueden ser relevantes para poder asesorar mejor al entrenador o poder ayudar mejor a los jugadores que lo requieran.

  • El psicólogo observa a los jugadores para poder conocerles a fondo sin tener que realizar ningún test por escrito. La observación es mucho mejor que pasar cualquier test, primero porque  los jugadores odian hacerlos; y segundo, porque la información que se recoge es mucho más veraz, directa y contectualizada. Lo que el psicólogo observa de los jugadores, para después poderles ayudar o asesorar al entrenador sobre cómo tratarles, es básicamente lo siguiente:
    • Estado de ánimo (cómo está ese día en concreto cada jugador)
    • Habilidades psicológicas (concentración, ajuste de tensión, control de impulsos…)
    • Actitud y motivación (capacidad de adaptación, capacidad agonística, perseverancia, tolerancia a la frustración…)
    • Personalidad (grado de extroversión, labilidad emocional, autoestima…)
  • También observa cómo se estructura el grupo (roles, subgrupos) y cómo funcionan las dinámicas internas (clima de trabajo, ambiente social, cohesión…)
  • Y especialmente, observa sin tregua todo aquello que hace y dice el entrenador, dentro y fuera del campo, analizando la repercusión que pueda tener en relación a los aspectos psicológicos presentes en cualquier momento de la vida del equipo.

Luís Enrique dijo el día de su presentación que el psicólogo “era para él”. Y en verdad, ESTANDO ALLÍ, Joaquín Valdés puede ayudar y mucho al entrenador a gestionar mejor los aspectos psicológicos, de forma que ayuden a optimizar los entrenamientos (para ser mejores) y a estabilizar el rendimiento (para ser capaces de demostrar ese nivel en los partidos).

Para el psicólogo, ESTAR ALLÍ a veces tiene premio. Quizás ha estado allí durante un montón de entrenamientos, quizás semanas, quizás meses… Pacientemente, haciendo su trabajo. Y a veces llega un momento en que el entrenador lo necesita y él tiene la clave que puede desencallar una situación conflictiva, o tiene la receta que puede ayudar al equipo a salir de ese túnel o romper esa mala racha… El psicólogo habrá tenido que ESTAR ALLÍ para en ese momento ser eficaz, preciso y al mismo tiempo ofrecer soluciones “ecológicas”, que el entrenador pueda adoptar y hacerlas suyas, que no sean extrañas para él ni para los jugadores.

Y si la cosa sale bien (como si sale mal), el psicólogo seguirá ESTANDO ALLÍ, como sin hacer nada.

Esta es la virtud del psicólogo del deporte (del buen profesional de la psicología del deporte), pero esta misma “invisibilidad” es la razón por la que este rol tan importante en el mundo profesional no ha cuajado de momento de forma consistente en los equipos técnicos. Pero esto es otra batalla…

Otro premio de ESTAR ALLÍ, quizás el que más agradecemos los psicólogos, es cuando al final del entrenamiento se nos acerca un jugador y de la forma más natural del mundo nos dice: “Quiero comentarte una cosa...”.

ESTAR ALLÍ habrá valido la pena.

Joan Vives Ribó
Psicólogo del deporte
Autor de "Entrenando al entrenador..."

“Me pongo muy nerviosa antes de competir”

junio 11, 2014

Extracto de la entrevista realizada a Stevie Kremer (mountain runner) en CARRERAS POR MONTAÑA (http://carreraspormontana.com/noticias/entrevistas/stevie-kremer-rno-estoy-mentalmente-preparada-para-dedicarme-solo-a-correrr), con comentarios y recomendaciones (en rojo) de Joan Vives Ribó, psicólogo del deporte, a partir de las respuestas con contenido psicológico.

(…)  

Lo cierto es que te pones muy, muy nerviosa antes de las carreras…

Es lo peor para mí, los nervios del día anterior. Es la parte que se me hace más dura. La línea de salida también es algo que me pone nerviosa, pero el día anterior es lo que más cuesta arriba se hace. No tienes idea de qué va a pasar y eso es lo que me pone tan nerviosa antes de una carrera.

Exacto. Las preocupaciones acerca de lo que puede pasar activan la ansiedad. Es por ello que los deportistas deben tener un plan de competición con las rutinas a seguir incluso un día antes de la competición, para estar “ocupados” en algo útil y no “pre-ocupados” en pensamientos negativos que activan la ansiedad o el miedo.

Truco: Cuando estos pensamientos aparezcan, coja una libreta, escriba el pensamiento negativo y conviértalo en algo en que ocuparse más adelante. Si le preocupa una parte del trazado, por ejemplo, programe revisarla antes de la carrera (si puede) para poderla visualizar después, introduciendo las sensaciones o las referencias visuales que necesite para sentirse segura abordando ese tramo. Una vez plasmado esto en un plan de rutinas, acuéstese tranquila: esta preocupación ya es una ocupación programada.

El año pasado en Zegama recordamos verte muy afectada por los nervios.

Sí, porque era mi primera carrera importante internacional. Sólo había hecho dos carreras de este nivel, pero sin ser parte de un equipo que me pagara; antes me pagaba mi inscripción, viaje, etc… Que Salomon me pagara todo y que la gente fuera tan buena fue increíble. Pero no quería defraudar a nadie. Es algo en lo que necesito trabajar para las próximas carreras.

No podía defraudar a nadie” es sin duda un pensamiento traidor. Lleva a la atleta a sentirse obligada a hacerlo bien. Y cuando uno se siente obligado, aparece inexorablemente el miedo a que pase lo contrario. El “hacerlo mal” deja de ser una posibilidad y pasa a ser un “desastre” ante el cual aparece el miedo anticipatorio (y por lo tanto la desconcentración) y después del cual se reacciona de forma desadaptada, auto-juzgándose y desaprovechando la oportunidad de aprender del propio error.

Truco: Cuando aparezca un pensamiento tipo “tengo que…”, “tiene que…”, “esto no puede pasar…”, etc., reformúlelo de otra forma: “quiero que…”, “desearía…”, “me gustaría…”. De esta forma, deja de pensar en términos de obligación y pasa a pensar en términos de deseo. Su pensamiento es más flexible, ya que deseando lo mismo, acepta la posibilidad que eso no pase, por lo que ya no hay miedo al error, sino que se acepta como algo normal en competición. Al aceptar eso como probable, si llega a pasar, uno no se altera ni se frustra, y por lo tanto no se desconcentra, por lo que puede mantener opciones de seguir rindiendo al máximo y conseguir el mejor resultado posible. Un ejemplo de esto se puede visionar en este magnífico video.

Incluso tienes problemas para dormir el día antes de la carrera, ¿no? Sí; no suelo dormir mucho tiempo seguido la noche anterior. Con suerte duermo algo, pero nunca mucho. Además está el jet-lag, que a veces no te deja dormir. Siempre depende de la situación concreta…

Por eso es importante revisar el plan de rutinas y gestionar correctamente los hábitos de dieta, sueño y descanso, para minimizar los efectos de la ansiedad.

Truco: Que no pueda dormir por los pensamientos sobre la competición del próximo día es un síntoma  normal, y forma parte de lo que denominamos ansiedad primaria. Pero si usted se pone más nervioso por el hecho de estar nervioso y no poder dormir, aparece la ansiedad “secundaria”, que suele ser más molesta que la primaria. Por lo tanto, si a pesar de la gestión de las rutinas y de los pensamientos sigue el insomnio… ¡no se preocupe! Acéptelo como parte de la competición, no se obligue a dormir, busque estar ocupada en algo que sea compatible con el descanso consciente… y la tranquilidad que conseguirá al no activar esa ansiedad secundaria hará el resto. Aceptando no dormir, hará lo mejor para llegar a dormirse.

¿Crees que tienes mucha presión?

Sí, pero gracias a Greg Vollet esa presión es mínima. A veces me presionó pensando que Salomon está tirando su dinero si no lo hago bien en carrera. Greg me dice siempre que, con que dé lo máximo en la carrera, es más que suficiente para el equipo y eso es algo que me ayuda muchísimo en las carreras.

Dar lo máximo y considerar tener éxito si uno llega a dar lo máximo, es la estrategia psicológica perfecta. Escuche sino a Rafa Nadal declarando exactamente esto en este video.

Truco: Valore su rendimiento no sólo por los resultados. Dé prioridad al “éxito moral”, el que está relacionado en “darlo todo”. Puntúese cada día de 0-10 o con los colores del semáforo acerca de este tipo de éxito. Poco a poco, aprenderá que es esto lo primordial. Y si aparecen dudas en competición, sabrá darse cuenta si lo está dando todo o no, y hará cosas para cambiar eso. Al pasar a darlo todo, es cuando gana opciones a conseguir el mejor resultado posible… ¡sin pensar en él!

Se te ve muy responsable.

Todo el mundo quiere hacerlo bien y no decepcionarse a sí mismo o a los demás. Creo que todos tenemos unas expectativas en nosotros mismos y yo también lo hago. Si lo haces bien en una carrera, las expectativas contigo misma aumentan y creo que de ahí es de donde viene la presión que me afecta.

Por eso es tan importante que la motivación esté centrada en el proceso, en hacerlo cada vez un poco mejor, en “ser mejor” y no estar pendiente de “ser la mejor”.

Truco: Valore su rendimiento no sólo por los resultados; en cambio, valore su ejecución de forma descriptiva, de forma específica, de modo que le permita sacar conclusiones acerca de aquello que ha realizado correctamente y acerca de aquello que hace falta corregir, mejorar o cambiar. Si aprovecha los malos resultados para crecer como deportista, está haciendo lo mejor de lo que es capaz para ser un poco mejor (esto es “éxito moral”). Todo depende de usted, todo está en sus manos, sea cual sea el resultado, y por lo tanto, si hace esto, es imposible decepcionarse a sí mismo.

(…) Stevie Kremer en Zegama

Stevie Kremer en la Zegama-Aizkorri 2014 (J. Saragossa)
Fuente: http://carreraspormontana.com/noticias/entrevistas/stevie-kremer-rno-estoy-mentalmente-preparada-para-dedicarme-solo-a-correrr
Joan Vives Ribó
Psicólogo del deporte
Autor de "Entrenando al entrenador..."

Pautas para cohesionar a un equipo

junio 5, 2014

A inicios de Junio de 2014 falleció Albert V. Carron, a los 73 años. Carron fue profesor e investigador en Psicología del Deporte en la School of Kinesiology, de la University of Western Ontario (Canadá). El legado más preciado para los psicólogos del deporte ha sido su modelo para entender y manejar la cohesión en equipos deportivos.

Este modelo, a grandes rasgos, indica que la cohesión en los equipos puede conseguirse gracias a que los componentes tengan claro el rol que se les otorga, lo acepten y lo cumplan. Si se dan estas tres condiciones en la mayoría de los componentes del equipo, la cohesión funcional está garantizada.

Tener claras estas condiciones, ayuda al entrenador a orientar su influencia como líder en busca de conseguir hacerse entender, motivar al deportista, o hacerle cumplir con las conductas esperadas.

Como homenaje a Albert V. Carron, me gustaría ofrecer un extracto de mi libro Entrenando al entrenador. Ideas y trucos para una comunicación constructiva y eficaz (Editorial Bubok), en el que narro una experiencia en la que aplicando algunas de las ideas de Carron, conseguimos que un grupo de deportistas se convirtiera en un equipo cohesionado.

CONSEGUIR QUE UN GRUPO SE CONVIERTA EN UN EQUIPO

En el Campeonato de España de Boxeo Olímpico (2007) acudí con la Selección Catalana y pude ser partícipe de un hecho insólito. Los boxeadores competían cada uno en su peso y por lo tanto, a priori no existían interacciones funcionales entre ellos. Técnicamente éramos un grupo. Pero ocurrieron algunos hechos que acabaron propiciando que ese grupo se convirtiera en un equipo:

  • El liderazgo del grupo estuvo perfectamente compartido entre el seleccionador, Juanma Cortés, y nuestro boxeador referencia, César Córdoba. César no sólo era el favorito en su peso, sino que la mayoría de público (en Huelva) lo reconocía como figura indiscutible, gracias a sus éxitos en Thai Boxing (Campeón del Mundo 2005). Lejos de generar distancia o envidias con el resto del grupo, César supo aglutinar a todos los boxeadores, erigiéndose como estandarte, consiguiendo que todos los compañeros estuviesen orgullosos de pertenecer al mismo equipo. Su implicación fue máxima en la generación de un ambiente de equipo increíble.
  • Las demás selecciones observaban cómo nuestro equipo se mantenía unido no sólo durante las competiciones, sino también durante las comidas y en los momentos de tiempo libre.
  • Éramos el equipo que en más ocasiones mantenía la unidad en el vestuario, asumido este aspecto de forma absolutamente natural, sin obligaciones de ningún tipo.
  • Teníamos una forma de trabajar diferente, con una organización que permitía a los boxeadores saber en cada momento lo que debían hacer, pudiendo ofrecer así más espacios de libertad.
  • Se creó una especie de “himno” espontáneo, un rap con una letra divertida y relacionada con uno de los mayores retos de los boxeadores, estar en el peso fijado por su categoría (¡“Sí, sí, sí, estamos en el peso, estamos en el peso!”).
  • Implicamos a todos para que animasen a sus compañeros cuando boxeaban, y aprovechamos esta coyuntura para crear un sistema de comunicación entre el púgil que combatía y los compañeros en la grada, que transmitían las órdenes que el entrenador insinuaba pero que no podía dar él directamente al estar prohibido por el reglamento.
  • Se combinaron perfectamente los objetivos individuales (ganar los máximos combates) con el objetivo de la selección (ganar el máximo de puntos para el ranking de autonomías).
  • Los boxeadores creyeron y se identificaron con el estilo técnico-táctico propuesto por el seleccionador, basado en el criterio olímpico, y que incluso fue reconocido como especial por los demás participantes.

Gracias a todo esto, un grupo con procedencias, ambientes, niveles socio-económicos, religiones (contábamos con un musulmán practicante), veteranía y niveles técnicos diferentes, se convirtió en un equipo de alto rendimiento, muy, muy unido y cohesionado.

Campeonato España Boxeo 2007

Joan Vives Ribó
Psicólogo del deporte
Autor de "Entrenando al entrenador..."

En qué consiste el entrenamiento psicológico

mayo 16, 2014

En la entrevista que me hicieron para el portal ALTO RENDIMIENTO (15-5-2014), reviso los objetivos y la metodología habitual que usamos para el entrenamiento psicológico.

Podéis escuchar la entrevista (audio) clicando aquí.

A continuación, os detallo el resumen de lo que se trata en la entrevista, y aprovecho para lincar algunos conceptos que menciono con otros trabajos o publicaciones acerca de tales puntos.

1/ Fases o factores que debemos contemplar para la ayuda al deportista, basado en el modelo de Pep Marí:

  • PODER APRENDER (condiciones personales – familiares – sociales)
  • QUERER APRENDER (motivación, compromiso)
  • SABER APRENDER (hábitos, entrenamiento invisible)
  • SABER DEMOSTRAR LO APRENDIDO (afrontamiento, gestión de la tensión – concentración, expectativas…)

2/ Aspectos de la persona a los que debemos atender para poder ayudarla mejor (universo personal):

  • ENTORNO o SITUACIONES PERSONALES (familia, estudios / trabajo, amigos…)
  • PERSONA (Personalidad, actitud, estado de ánimo, recursos)
  • CONDUCTA, APRENDIZAJE, RENDIMIENTO

3/ Objetivos básicos de intervención

OPTIMIZAR LOS APRENDIZAJES + ESTABILIZAR EL RENDIMIENTO

4/ Aspectos y metodología de intervención

Joan Vives Ribó
Psicólogo del deporte
Autor de "Entrenando al entrenador..."

La cadena de la consciencia

mayo 13, 2014

Ver presentación + locución en Prezi.

La cadena de la consciencia es un modelo de actuación para entrenadores, que consiste en gestionar la comunicación durante el entrenamiento de forma que faciliten a sus deportistas la generación de consciencia de lo que se ha trabajado, de qué se ha conseguido en relación a lo trabajado, y de cómo el deportista ha sido capaz de hacerlo. Esta consciencia sobre el recurso adquirido durante el entrenamiento, ayuda a tener más confianza sobre ese recurso. Esta confianza, basada en el trabajo y no en el resultado, es la mejor forma de poder afrontar con garantías cualquier reto deportivo.

La cadena de la consciencia comienza por la planificación. El entrenador plantea qué temas hay que trabajar, a nivel físico, técnico, táctico… ofensivo, defensivo, etc.

A partir del trabajo propuesto, el entrenador hace una programación distribuyendo los contenidos a trabajar para las diferentes fases de la temporada, organizándolo en ciclos, de más generales o macrociclos a más concretos o micro- ciclos. Estos microciclos, que normalmente son periodos semanales, se concretan en las diferentes sesiones de entrenamiento. Cada sesión de entrenamiento estará compuesta por diferentes actividades. Y para cada actividad, podremos activar la estructura básica de la cadena de la consciencia, que describiremos a continuación.

En primer lugar, vamos a plantear un objetivo a trabajar. El objetivo es lo que queremos conseguir  no lo que trabajamos. Esto es muy importante y hay que remarcarlo bien. Por ejemplo, si decimos ” hoy trabajaremos el servicio” (en tenis), estamos hablando del contenido, pero no estamos marcando objetivos todavía. Un objetivo describe qué queremos conseguir del servicio, o cómo queremos hacerlo. Por tanto, podemos hablar de resultados, o podemos hablar de cómo queremos ejecutarlo. De cara a generar consciencia, es crucial que los objetivos sean sobre la ejecución, sobre el proceso, es decir, referidos a CÓMO HACERLO. Si seguimos con el ejemplo de tenis, un objetivo sobre el servicio podría ser “queremos conseguir que el tenista se lance la pelota alta y recta y golpee lo más arriba posible”.

Es necesario que los objetivos cumplan las siguientes condiciones. Deben ser siempre formulados en positivo, es decir, hacer referencia a lo que queremos conseguir, y no a que lo que queremos evitar. Deben ser objetivos que el deportista pueda controlar, que dependan de su trabajo. Deben ser específicos, descriptivos, que expliquen bien qué queremos. Además, si podemos tener medidas o evidencias que nos hagan ver si el objetivo se ha alcanzado, mucho mejor. Los objetivos deben ser posibles de realizar, pero al mismo tiempo deben representar un reto, deben ser exigentes. Si se rompe este equilibrio se puede caer en el estrés (por demasiada exigencia) o en el aburrimiento (por poca). Finalmente, los objetivos deben ser coherentes con uno mismo o con los demás, si se está en un equipo. Es decir, evitar que un objetivo pueda plantear problemas en otras áreas del juego o fricciones con los demás componentes del equipo.

A partir de ahí, una vez hemos descrito qué queremos conseguir, el entrenador debe plantear cómo trabajar. Esto es un cambio respecto a lo que es habitual, ya que normalmente se presenta el ejercicio y después (si se hace) el objetivo. Pero de cara a generar consciencia de lo que queremos conseguir, es necesario priorizar esto, y por lo tanto, primero diremos qué queremos conseguir, y después explicaremos la metodología (ejercicios, actividades…) que usaremos al servicio de tal objetivo.

Aparte de explicar la dinámica del ejercicio, hay que considerar especialmente las instrucciones que damos en relación a la concentración. Es decir, explicar no sólo qué hacer sino de forma explícita en qué deben estar concentrados los deportistas en busca del objetivo. Hacia dónde deben mirar, que deben saber ver, qué deben notar… Este es otro punto que en muchas ocasiones los entrenadores no cuidan lo suficiente.

Para ayudar a marcar bien cuáles son los estímulos adecuados a atender, podemos usar palabras clave. Estas palabras pueden ser marcadas por el entrenador, pero es mucho mejor si las acaba proponiendo el deportista, señal que tiene la idea correcta en la cabeza. Debemos asegurarnos de que las palabras están conectadas en contenido y en forma con la acción que queremos hacer o con la concentración que queremos tener para hacer bien la acción. Aparte de palabras, podemos usar sonidos, onomatopeyas, u otros idiomas, hasta que encontremos lo que suena mejor y nos hace pensar mejor en lo que queremos tener en cuenta para hacer bien el trabajo. Como a veces los gestos o movimientos que trabajamos pueden ser muy cortos y explosivos, debemos buscar palabras que sean lo más cortas posibles, por si queremos usarlas justo en el momento de la ejecución. Finalmente, al igual que los objetivos , es necesario que las palabras hagan referencia siempre a lo que queremos que pase, lo que queremos hacer , lo que queremos notar, etc. , y no a lo que no queremos. O sea, siempre en positivo.

A partir de aquí ya nos ponemos a trabajar. Y por lo tanto, mientras el ejercicio ya está en marcha, ya podemos empezar a evaluar el nivel de consecución de los objetivos. La evaluación puede ser durante el ejercicio, a través de las correcciones, pero también con una evaluación final.

Las correcciones que vamos haciendo, siempre deben estar relacionadas con el objetivo planteado. Aquí es uno de los puntos donde los entrenadores se tiran más piedras en su tejado. Como están muy acostumbrados a identificar errores, los entrenadores terminan dispersando la atención de sus deportistas al identificar un montón de cosas a corregir. Lo que propone este modelo es diferente. Una vez escogido el objetivo prioritario, es necesario que las correcciones estén relacionadas con ese objetivo. De esta forma centraremos la atención de los jugadores hacia lo que queremos conseguir, y no los distraeremos. Toda la comunicación durante el ejercicio debe estar enfocada a conseguir lo que nos hemos pretendido, y si hay algo que corregir, debe ser sobre lo que estemos persiguiendo. Aparte de eso, hay que tener en cuenta aspectos básicos del condicionamiento, como por ejemplo decir qué hay que hacer (en lugar de sólo decir lo que se ha hecho mal), reforzar las cosas que se hagan correctamente (para dar información al deportista y generar consciencia de lo que está haciendo) , o potenciar el autodescubrimiento (y por tanto la consciencia) a base de ir haciendo preguntas al deportista para que él averigüe qué ha hecho mal y qué hay que corregir.

Una vez terminado el ejercicio (o la sesión) , es absolutamente indispensable hacer una pequeña reunión para tener un feedback final . Esto es uno de los otros puntos de este modelo que no se hace habitualmente. Ya que lo hemos trabajado, ya que nos hemos dedicado a perseguir un objetivo, no debemos desaprovechar la oportunidad de generar consciencia sobre si lo hemos logrado o no, y qué nos hace falta todavía. Por ello, esta reunión es fundamental. Y hay que hacerlo promoviendo el diálogo, haciendo participar a los deportistas. Que aprendan a valorar ellos también si han alcanzado el objetivo o no. Por ejemplo, se pueden poner notas (de 0 a 10), y así consensuar con el entrenador el nivel alcanzado. Pero no sólo eso. Aparte de constatar si hemos alcanzado el objetivo o no, hay que generar consciencia también de cómo hemos sido capaces de hacerlo, y aquí hay que conectar de nuevo con la concentración. ¿De qué forma hemos estado concentrados para poder hacer bien (o no) el objetivo? ¿Qué hemos aprendido a mirar, a notar, a leer, a anticipar, etc., de forma que nos ha hecho hacer bien la tarea. Esta consciencia es básica. Es un tesoro y debemos acompañar al deportista a descubrirlo.

Marcar objetivos, dar instrucciones sobre la concentración, corregir en base al objetivo y hacer una evaluación final generando consciencia, es la estructura básica de la cadena de la consciencia, que podemos aplicar a cada ejercicio que hacemos.

Esta consciencia nos hará tener la percepción de que TENEMOS UN RECURSO trabajado, adquirido, que lo hemos aprendido. Y la percepción de tener recursos, es lo que llamamos autoconfianza. No sólo sabemos que hemos aprendido algo, sino que sabemos que ese recurso lo tenemos disponible para cuando haga falta. Es decir, que aparte de tener consciencia de tener un arma, un recurso, una destreza a punto, además sabemos de qué forma consciente podemos estar concentrados para hacerlo bien. Esta es la confianza más saludable, la que no nos traiciona nunca. En cambio, la confianza basada en los resultados o en la esperanza de hacer buenos resultados, esta sí que nos traiciona. Porque sí que es verdad que cuando se gana se genera confianza; pero también es cierto que cuando se pierde, este tipo de confianza se destruye inmediatamente. Por eso, cuando un deportista basa su confianza en lo que ha trabajado, en lo que ha aprendido, en sus fuerzas, esta confianza está por encima de los resultados, y permite que el deportista siga confiando en sí mismo a pesar de que los resultados sean momentáneamente malos.

Esta confianza lleva por tanto a un sentimiento de autoeficacia. Esta seguridad en las propias fuerzas, hará que el deportista sienta que PUEDE hacer cualquier cosa, puede afrontar cualquier reto. Pero ya sabemos que una cosa es sentirse con poder y la otra tener éxito al final. Pero como esta cadena habilita el deportista para ser capaz de confiar también en su manera de trabajar, ante cualquier obstáculo, éste se podrá interpretar más fácilmente como un nuevo reto a alcanzar, como un nuevo objetivo a trabajar. La confianza construida a través de este proceso volverá a hacer efecto. No sólo la confianza actúa ante la posibilidad de tener éxito. También actúa ante la posibilidad de fallar. Pero el deportista seguirá sintiéndose seguro y apto para asumir cualquier tropiezo y tomárselo como un nuevo reto a trabajar, de la misma forma como ha trabajado todos los demás, de la misma manera como lo hace cada día, a cada ejercicio, cada repetición.

Esto es lo que ocurre cuando un entrenador sigue esta cadena. Estos son los beneficios que provoca la cadena de la consciencia en los deportistas. Ahora ya conoce el planteamiento. El siguiente paso es utilizarlo. Desde aquí le invito a hacerlo.

Cadena de la consciencia

Joan Vives Ribó
Psicólogo del deporte
Autor de "Entrenando al entrenador..."

¿Obligación de ganar… o deseo de ganar?

marzo 30, 2014

El 29-3-2014, en la Liga Endesa de baloncesto, se enfrentan Valladolid y Bruixa d’Or Manresa, último y penúltimo clasificados respectivamente. Por tanto, ambos equipos con mucha necesidad de ganar. En los medios aparecen noticias como esta: “Comenge (entrenador de Manresa) impone la OBLIGACIÓN DE GANAR a sus jugadores” (http://www.naciodigital.cat/manresainfo/noticia/42671/comenge/imposa/obligacio/guanyar/seus/jugadors).

El partido acabó con el resultado de Valladolid 88 – Bruida d’Or Manresa 76. El Valladolid ganaba así su tercer partido en 25 jornadas, mostrándose “enchufados ante un rival hoy desconcertado, confundido y perplejo” (http://www.acb.com/redaccion.php?id=102547).

Otro ejemplo. El 17-4-2016, de nuevo en la Liga Endesa, se registra un resultado de escándalo: Gipuzcoa Basket 79 – Valencia 121 (http://acbtv.acb.com/video/9515-lacb-20152016-liga_regular-28-247-valencia_basket_se_da_un_festin_en_donostia). Este partido venía precedido por la campaña publicitaria del Gipuzcoa en la que se apelaba a la obsesión por ganar (https://www.youtube.com/watch?v=pFBQz7U1sbk&feature=youtu.be).

Una vez más, se demuestra que la obligación de ganar no es una estrategia psicológicamente adecuada, ya que genera una expectativa centrada sólo en la posibilidad de un resultado positivo, y si las cosas se tuercen, en lugar de aceptarlas como un lance más del juego, los jugadores se frustran, se estresan, se desconcentran, y en consecuencia, su rendimiento baja.

Por eso es necesario cambiar la obligación de ganar por el deseo de ganar.

CAMBIAR LA OBLIGACIÓN POR EL DESEO

Extracto del libro de Joan Vives Ribó “Entrenando al entrenador. Ideas y trucos para una comunicación constructiva y eficaz”, Editorial Bubok (http://www.bubok.es/libros/208041/Entrenando-al-entrenador-Ideas-y-trucos-para-una-comunicacion-constructiva-y-eficaz)

Una de las primeras tareas de las que me ocupé en el Ricoh Manresa cuando me contrataron en la temporada 2006-07 fue controlar todas las expectativas que se habían generado sobre volver a recuperar la categoría perdida, eso es, ascender a la Liga ACB. El “tener que subir a la Liga ACB” les estaba matando. Al llegar las primeras derrotas, la presión fue salvaje. No se salvó ni el entrenador, al que despidieron por malos resultados. Entonces, el entrenador ayudante, Jaume Ponsarnau, al coger las riendas del equipo, quiso contar con mi asesoramiento. Estuvimos de acuerdo en la necesidad de cambiar la expectativa, y prohibimos el uso del término ACB. Incluso aconsejamos retirar unos paneles publicitarios en los que se mencionaba que el objetivo era la ACB. No. A partir de entonces, el objetivo de resultado era clasificarse para los play off de ascenso, eso es, conseguir al menos la octava plaza al final de la liga regular. Conseguimos que directivos, entrenadores y jugadores hicieran suyo ese mensaje, y entre todos se transmitió esa idea conjunta a la prensa, y consecuentemente a los seguidores. También se consiguió cambiar las expectativas de “tener que ganar” el partido por “querer ganar”. Así conseguíamos estar centrados en el deseo y no en la obligación, y esto ayudaba al equipo a estar preparado y adaptarse a las dificultades. También conseguimos que los jugadores aprendieran a estar centrados en el presente, sin frustrarse por errores pasados, y sin nervios por las incertidumbres del futuro. Terminó la liga regular y el equipo se clasificó para los play off. Entonces tuvimos miedo que se volviesen a disparar otra vez las expectativas de ascenso. El mensaje “oficial” para controlar esto, ya desde el inicio de los play off fue el siguiente: “Queremos estar preparados para tener opciones de ganar los once partidos” (el número máximo que podíamos llegar a jugar). Con este mensaje, que conseguimos hacer extensible a todo el entorno, pretendíamos transmitir que queríamos ganar (no que teníamos que ganar), y que estábamos preparados por si las cosas se complicaban y las eliminatorias debían jugarse hasta el final (5+5+1 partidos). Todo este trabajo sirvió para ajustar las expectativas y adaptarlas a la motivación que queríamos para el equipo. Y dio resultado. En cuartos de final se ganó 3-0 contra Los Barrios y en semifinales también 3-0 al Ciudad de Huelva, a pesar de jugar con el factor campo en contra. Ya se había conseguido el objetivo de subir a la ACB (¡sin mencionarlo!), pero quedaba la final a partido único contra el León (además en su casa), una final puramente testimonial, pero para la cual también estábamos preparados. Ganamos también la final y consecuentemente la Liga LEB. En total, el equipo tuvo una racha de 18 partidos ganados entre los últimos 22 (incluyendo los últimos 7 partidos decisivos). El éxito se fraguó gracias a no pensar en el número de victorias necesarias ni en lo que estaba en juego, sino gracias a mantener el deseo de ganar partido a partido, y estar centrados en el presente, en el aquí y ahora. Y esto fue posible gracias a poder controlar las expectativas y ponerlas en línea con el tipo de motivación y concentración que más convenía al equipo.

Celebración ascenso a Liga ACB

Joan Vives Ribó
Psicólogo del deporte
Autor de "Entrenando al entrenador..."