Cómo funciona la confianza

agosto 2, 2016

En el apartado “Publicaciones” tenéis acceso a un nuevo artículo publicado en la Revista Minut ACEB (Asociación Catalana de Entrenadores de Baloncesto) sobre qué es y cómo funciona la confianza. Podéis acceder directamente a él clicando aquí (en catalán).

En el artículo se comentan varios puntos, que resumo a continuación:

  • La confianza está basada en los recursos adquiridos y no en la esperanza acerca de los resultados. Esperar que los resultados sean unos es una falsa confianza, una confianza traicionera, porque sólo funciona cuando los resultados son buenos.
  • La confianza “buena” por lo tanto es aquella fruto de ser consciente de lo que se ha trabajado, de lo aprendido, de los recursos (técnico-tácticos, físicos, psicológicos) disponibles.
  • La confianza debe estar basada en aspectos controlables por uno mismo. Y la mayor fuente de control para un deportista proviene de la capacidad de concentración. Ante cualquier imprevisto, tanto externo (inclemencias del tiempo, retrasos, presión mediática, etc.) como interno (mal ajuste, ansiedad, fatiga, etc.), la concentración es la gran arma que puede llevar al deportista a poder demostrar su nivel a pesar se esos inconvenientes. Por lo tanto, no es bueno esperar a que todo vaya bien, pero sí lo es confiar en la capacidad de concentración para superar los inconvenientes, llegado el caso.

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El último tiro (ganador) de Michael Jordan. Concentración (y confianza en cómo tirar) a pesar de la presión. (Fuente: http://www.feuille-de-match.fr/insolite/simulateur-last-shot-michael-jordan/)
  • La confianza sana está relacionada en el cómo jugar (o cómo ejecutar). Por lo tanto, las expectativas deben estar centradas en la tarea (cómo jugar, cómo ejecutar) más que en el resultado. El resultado será la consecuencia.
  • Si las expectativas (qué esperamos) y la concentración están centradas en la tarea (cómo hacerlo), esto ayuda a que el ajuste de tensión (o activación) sea el idóneo. En cambio, si uno está expectante por el resultado, los pensamientos acerca de las consecuencias de conseguir ese resultado o no van a ser inevitables. Esos pensamientos pueden generar ansiedad, inquietud, miedo… y por lo tanto, pueden desajustar al deportista.
  • La confianza en los propios recursos ayuda a que el deportista se sienta más seguro de poder realizar una tarea concreta con éxito (a esto le llamamos autoeficacia). Pero la seguridad que el deportista siente no está basada en el resultado sino en el proceso. Y por lo tanto, en caso de fallar, la confianza (el saber hacerlo) sigue intacto… ¡porque uno no va a dejar de saber hacer una cosa por haber fallado un intento!
  • Finalmente, la confianza a nivel colectivo viene por el hecho de reconocerse en la forma de jugar de una determinada manera, con un estilo de juego concreto e identificable, por el que el grupo se siente orgulloso (y también los seguidores). Este estilo de juego colectivo es algo que se automatiza, y precisamente por esto, es algo a lo que el grupo puede recurrir con más confianza o seguridad cuando las cosas van mal.
Autor: Joan Vives Ribó 
Psicólogo del deporte 
Autor del libro "Entrenando al entrenador..."
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¿Abusar en el marcador o aprovechar el partido?

enero 19, 2015

El 16-1-2015 trascendió la noticia que Michael Anderson, entrenador del equipo femenino del Arroyo Valley High School (USA), fue suspendido dos partidos después de ganar un partido por 159 puntos, sin tomar medida alguna para no “abusar” de esa manera.

161 a 2

Fuente de la imagen y noticia en http://kiaenzona.com/mas-basket/basket-femenino/sancionan-a-un-entrenador-dos-partidos-despues-un-161-2-te-parece-correcta-la-medida-23746/

El debate en las redes sociales siguió a la noticia, y se debatió sobre si el castigo fue merecido o no. Mi postura acerca de este punto es que, más que un castigo, entrenadores que permiten estos resultados sin ninguna mediación por parte de ellos, necesitan MÁS FORMACIÓN acerca de los VALORES del deporte, pero especialmente, acerca de MOTIVACIÓN.

¿Ser el mejor o SER MEJOR?

Ganar de 159 refleja que eres claramente mejor que el otro equipo, pero… ¿habrá servido el partido para crecer como equipo? Seguramente no. Tampoco serviría de nada “aflojar”, ya que el equipo tampoco aprovecharía el partido, el resultado sería igualmente abultado, y los rivales podrían considerarlo una actitud arrogante o una falta de respeto.

Por lo tanto… ¿qué puede hacer un entrenador cuando su equipo es tan superior?

La clave está en la motivación: APROVECHAR EL PARTIDO PARA MEJORAR.

Ya que el resultado no está en juego, para el entrenador debería ser fácil aprovechar el partido para trabajar aspectos del juego que permitan crecer aún más como equipo. Pero claro, para tener esta mentalidad, el entrenador debe dar importancia a SER MEJOR cada día, y no limitarse sólo a contemplar cómo su equipo es mejor que el otro.

Medidas concretas para convertir un partido fácil en un reto para tu propio equipo

Siguiendo con el ejemplo del baloncesto, al que se refiere la noticia, algunas medidas que el entrenador puede tomar para APROVECHAR un partido fácil para crecer (aparte, claro, de hacer jugar más a los jugadores menos habituales, o de utilizar sistemas defensivos menos agresivos), son las siguientes:

  • Defender sin el uso de las manos. Así priorizamos el trabajo sobre la colocación y la postura, y evitamos que el ímpetu natural de los jugadores jóvenes les lleve a robar el balón fácilmente.
  • Orientar el juego del rival hacia una zona acotada del campo. Priorizamos defender especialmente una zona y sólo permitimos el juego por otras. Así constatamos nuestra capacidad de orientar el juego, y damos opciones al rival a aprovechar las menos defendidas.
  • Rebotear sólo después que el balón toque suelo. Así priorizamos la colocación, la postura y el bloqueo del rebote.
  • Después de anotar, volver rápidamente a campo defensivo, dentro de la zona,  antes de volver a defender en las posiciones habituales. Así trabajamos la rapidez en la transición defensiva.
  • Atacar sin botar el balón. Priorizamos el passing game, el juego sin balón.
  • Anotar sólo si todos los jugadores han tocado el balón. Priorizamos el juego colectivo, el extra-pase.
  • Anotar sólo si el balón ha pasado al menos una vez por dentro de la zona. Priorizamos el juego dentro – fuera.
  • Buscar que sea un jugador concreto (nombrado por el entrenador o el base) quien anote. Así priorizamos el juego ofensivo orientado.
  • Anotar sólo si hemos realizado una jugada en concreto, a demanda del entrenador.
  • Anotar sólo de 3. Priorizamos el tiro de larga distancia.
  • Anotar sólo dentro de la zona. Priorizamos el juego anterior.
  • Hacer jugar a ciertos jugadores en posiciones diferentes a las habituales. Así les hacemos trabajar recursos diferentes.

Si un entrenador tiene claro en qué debe mejorar su equipo, puede aprovechar este tipo de partidos para hacerlo, y así, con estas auto-condiciones, dar más vida o libertad al rival para que pueda desarrollar mejor su juego. Animo a entrenadores de otros deportes a adaptar estas medidas a cada modalidad.

Volviendo al partido de la noticia, aplicando estas medidas el resultado hubiera sido tal vez de 98-26. Pero el equipo superior habría aprovechado el partido para crecer en aspectos concretos, y el equipo inferior habría conseguido seguramente la mejor expresión de si mismo.

(Nota del autor: estas medidas las apliqué como entrenador en un equipo de alevines, en la U.E. Montgat, temporada 92-93.Y recuerdo un día que ganamos por 119-32… Pues aparte de crecer nosotros, el equipo rival acabó… ¡muy satisfecho! Y es que nunca antes en la competición habían superado los 4 puntos).
Joan Vives Ribó
Psicólogo del deporte
Autor de "Entrenando al entrenador...

Técnicas de control de impulsos (aprovechando el tema Luís Suárez…)

julio 1, 2014

En el Mundial de Fútbol (Brasil 2014), durante el partido que enfrentaba la selección de Italia con la Uruguay, Luís Suárez, jugador y figura indiscutible de esta última, propició un mordisco a un defensa italiano después de no poder completar una acción que tenía posibilidades de poder acabar con posibilidades de gol.

suarez-chiellini

FUENTE: http://amenzing.com/019803/el-video-y-la-foto-que-demuestran-el-mordisco-de-luis-suarez-a-chiellini/

Esta no era la primera vez que Luís Suárez mordía a un contrario. Ya había sucedido otras dos veces, siempre fruto de una reacción a una frustración mal controlada. Pero a diferencia de las otras dos ocasiones, esta vez la FIFA le ha aplicado una sanción ejemplar, hasta el punto que el propio agredido (Chiellini) ha manifestado que el castigo era desproporcionado.

No sé si esta medida habrá ayudado a Luís Suárez o a sus asesores para que el jugador, nueve días después de la agresión, haya pedido perdón públicamente y haya manifestado su compromiso que este tipo de conductas no volverán a pasar. Sea como sea, está claro que la falta de control de impulsos es un problema que Luís Suárez debe resolver, ya que después de tres episodios, cualquier recaída podría ser definitiva para su reputación como jugador.

¿Qué provocan estos impulsos?

Estos días se ha escrito y hablado mucho acerca de esto, aprovechando el tirón mediático de este jugador. Las ideas más repetidas han sido:

Impulsividad y falta de autocontrol. Estamos hablando de un jugador cuya personalidad es precisamente la de “tener hambre”, la de ser ambicioso y competitivo en extremo. Esto no es malo en sí mismo, excepto si el jugador no sabe reprimir la frustración al no ver sus deseos cumplidos. Y parece que este es el caso.

Falta de límites en su educación (y en su entorno). Si una persona recibe una educación en la que no se ponen suficientes límites, sin vivir situaciones de frustración, pierde oportunidades de desarrollar convenientemente la capacidad de autocontrol. Quizás no podemos hacer muchas conjeturas acerca de su educación infantil, pero ahora mismo estamos viendo como, lejos de reprenderle por haber sido expulsado del Mundial, sus seguidores le siguen animando y jaleando, empezando por el Presidente de Uruguay (que estaba entre la multitud de los seguidores que esperaban al jugador en su regreso anticipado desde Brasil). En lugar de castigarle, están reforzando una imagen ligada a unas acciones agresivas, que no ayudan al jugador a entender la necesidad de tener que controlarse. Mientras el jugador no reciba mensajes claros por parte de todos los agentes sociales, el mensaje no calará profundamente. Esta vez, la FIFA lo ha hecho, pero sus seguidores no. Y estamos por ver si los clubes que lo pretenden para la temporada que viene, harán algún movimiento en este sentido.

¿Cómo controlar los impulsos?

El castigo es una consecuencia negativa que se aplica sobre una persona esperando no haga de nuevo una conducta negativa. Aunque puede tener algún efecto (puede ayudar al jugador a ver que tiene un problema, quizás le convence de  la necesidad de cambiar…). Un castigo puede ser aplicado por parte de diferentes agentes (la FIFA en este caso). pero seguramente no será suficiente: habrá que hacer alguna cosa más para ayudar al jugador a qué aprenda a controlar esos impulsos.

Lo más efectivo en estos casos no es convencer al jugador (aunque no es malo intentarlo) sino que hay que ayudarle a trazar un nuevo camino, entre sus pensamientos /emociones y sus conductas. Instaurar un nuevo mecanismo o forma de funcionar. Este trabajo es el que corresponde a un psicólogo.

Hasta ahora el mecanismo era:

Deseo vs. Deseo no cumplido = Frustración – Ira – Respuesta desadaptada (Mordisco).

Si trabajamos con la ACTITUD, podemos hacer variar el mecanismo así:

Deseo vs. Deseo no cumplido = Aceptación (como lance del juego) – No alteración – Respuesta adaptada (mantenerse concentrado)

Este trabajo requiere cierto tiempo; requiere revisar lo pasado y aprovechar cualquier situación que sobrevenga para trabajar una reinterpretación del significado que tiene un deseo no cumplido, y hacer entender que verlo como una frustración, activa una cadena de reacciones que no le van a ayudar a hacer bien su trabajo, con lo que las opciones de que sus deseos se cumplan van reduciéndose cada vez más. En cambio, si en lugar de frustrarse aprende a aceptar un deseo no cumplido como un lance más del juego, tendrá más opciones de mantener la concentración adecuada, y por lo tanto, más opciones de éxito (ya es así sólo por el hecho de poder seguir jugando sin ser expulsado).

Si trabajamos con la CONDUCTA, podemos hacer variar el mecanismo así:

Deseo vs. Deseo no cumplido = Frustración – Conducta control (Bloqueo de la respuesta a la frustración) – Respuesta adaptada (mantenerse concentrado)

Este trabajo requiere el compromiso del jugador para practicar la aplicación de la conducta control cada vez que se sienta frustrado. Una conducta control puede ser una acción concreta, por ejemplo, recolocarse las espinilleras (si el partido está parado) o bien, si la acción de juego continúa, la aplicación de una palabra clave, que en el momento X ayude al jugador a controlar la frustración, por ejemplo a través de un grito (que signifique “fuera la rabia”) o diciéndose a sí mismo “sigue” (para mantener la concentración en el juego).

¿Qué condiciones debe tener una conducta control? 1/ Ser útil en sí misma; 2/ No ser una conducta ni rara ni extravagante; 3/ Que se pueda realizar siempre; 4/ Que dependa del jugador solamente; 5/ Que ayude a bloquear la conducta indeseada (no pueden darse las dos a la vez).

Si el jugador, cuando nota que se frustra, pasa a recolocarse las espinilleras o a darse una instrucción concreta, y esto lo practica cada vez, y cada vez, y cada vez… acabará trazando un camino diferente. Entre la frustración y la respuesta (mordisco) habrá conseguido instaurar una conducta controlada que bloquea a la descontrolada.

Lo idóneo es trabajar conjuntamente el cambio de actitud y el control de conducta, pero en ocasiones deberemos valorar qué estrategia escojemos o en qué orden las utilizamos, dependiendo del perfil de jugador con el que trabajamos (si es un jugador reflexivo, podremos trabajar bien con la actitud; si es más reactivo, mejor con la conducta), y dependiendo de los plazos que nos hayamos marcado para conseguir cambios significativos (si es a corto plazo, trabajar con la conducta es mejor; si es a largo plazo, un cambio de actitud puede llegara ser más consistente).


Joan Vives Ribó
Psicólogo del deporte
Autor de "Entrenando al entrenador..."

La cadena de la consciencia

mayo 13, 2014

Ver presentación + locución en Prezi.

La cadena de la consciencia es un modelo de actuación para entrenadores, que consiste en gestionar la comunicación durante el entrenamiento de forma que faciliten a sus deportistas la generación de consciencia de lo que se ha trabajado, de qué se ha conseguido en relación a lo trabajado, y de cómo el deportista ha sido capaz de hacerlo. Esta consciencia sobre el recurso adquirido durante el entrenamiento, ayuda a tener más confianza sobre ese recurso. Esta confianza, basada en el trabajo y no en el resultado, es la mejor forma de poder afrontar con garantías cualquier reto deportivo.

La cadena de la consciencia comienza por la planificación. El entrenador plantea qué temas hay que trabajar, a nivel físico, técnico, táctico… ofensivo, defensivo, etc.

A partir del trabajo propuesto, el entrenador hace una programación distribuyendo los contenidos a trabajar para las diferentes fases de la temporada, organizándolo en ciclos, de más generales o macrociclos a más concretos o micro- ciclos. Estos microciclos, que normalmente son periodos semanales, se concretan en las diferentes sesiones de entrenamiento. Cada sesión de entrenamiento estará compuesta por diferentes actividades. Y para cada actividad, podremos activar la estructura básica de la cadena de la consciencia, que describiremos a continuación.

En primer lugar, vamos a plantear un objetivo a trabajar. El objetivo es lo que queremos conseguir  no lo que trabajamos. Esto es muy importante y hay que remarcarlo bien. Por ejemplo, si decimos ” hoy trabajaremos el servicio” (en tenis), estamos hablando del contenido, pero no estamos marcando objetivos todavía. Un objetivo describe qué queremos conseguir del servicio, o cómo queremos hacerlo. Por tanto, podemos hablar de resultados, o podemos hablar de cómo queremos ejecutarlo. De cara a generar consciencia, es crucial que los objetivos sean sobre la ejecución, sobre el proceso, es decir, referidos a CÓMO HACERLO. Si seguimos con el ejemplo de tenis, un objetivo sobre el servicio podría ser “queremos conseguir que el tenista se lance la pelota alta y recta y golpee lo más arriba posible”.

Es necesario que los objetivos cumplan las siguientes condiciones. Deben ser siempre formulados en positivo, es decir, hacer referencia a lo que queremos conseguir, y no a que lo que queremos evitar. Deben ser objetivos que el deportista pueda controlar, que dependan de su trabajo. Deben ser específicos, descriptivos, que expliquen bien qué queremos. Además, si podemos tener medidas o evidencias que nos hagan ver si el objetivo se ha alcanzado, mucho mejor. Los objetivos deben ser posibles de realizar, pero al mismo tiempo deben representar un reto, deben ser exigentes. Si se rompe este equilibrio se puede caer en el estrés (por demasiada exigencia) o en el aburrimiento (por poca). Finalmente, los objetivos deben ser coherentes con uno mismo o con los demás, si se está en un equipo. Es decir, evitar que un objetivo pueda plantear problemas en otras áreas del juego o fricciones con los demás componentes del equipo.

A partir de ahí, una vez hemos descrito qué queremos conseguir, el entrenador debe plantear cómo trabajar. Esto es un cambio respecto a lo que es habitual, ya que normalmente se presenta el ejercicio y después (si se hace) el objetivo. Pero de cara a generar consciencia de lo que queremos conseguir, es necesario priorizar esto, y por lo tanto, primero diremos qué queremos conseguir, y después explicaremos la metodología (ejercicios, actividades…) que usaremos al servicio de tal objetivo.

Aparte de explicar la dinámica del ejercicio, hay que considerar especialmente las instrucciones que damos en relación a la concentración. Es decir, explicar no sólo qué hacer sino de forma explícita en qué deben estar concentrados los deportistas en busca del objetivo. Hacia dónde deben mirar, que deben saber ver, qué deben notar… Este es otro punto que en muchas ocasiones los entrenadores no cuidan lo suficiente.

Para ayudar a marcar bien cuáles son los estímulos adecuados a atender, podemos usar palabras clave. Estas palabras pueden ser marcadas por el entrenador, pero es mucho mejor si las acaba proponiendo el deportista, señal que tiene la idea correcta en la cabeza. Debemos asegurarnos de que las palabras están conectadas en contenido y en forma con la acción que queremos hacer o con la concentración que queremos tener para hacer bien la acción. Aparte de palabras, podemos usar sonidos, onomatopeyas, u otros idiomas, hasta que encontremos lo que suena mejor y nos hace pensar mejor en lo que queremos tener en cuenta para hacer bien el trabajo. Como a veces los gestos o movimientos que trabajamos pueden ser muy cortos y explosivos, debemos buscar palabras que sean lo más cortas posibles, por si queremos usarlas justo en el momento de la ejecución. Finalmente, al igual que los objetivos , es necesario que las palabras hagan referencia siempre a lo que queremos que pase, lo que queremos hacer , lo que queremos notar, etc. , y no a lo que no queremos. O sea, siempre en positivo.

A partir de aquí ya nos ponemos a trabajar. Y por lo tanto, mientras el ejercicio ya está en marcha, ya podemos empezar a evaluar el nivel de consecución de los objetivos. La evaluación puede ser durante el ejercicio, a través de las correcciones, pero también con una evaluación final.

Las correcciones que vamos haciendo, siempre deben estar relacionadas con el objetivo planteado. Aquí es uno de los puntos donde los entrenadores se tiran más piedras en su tejado. Como están muy acostumbrados a identificar errores, los entrenadores terminan dispersando la atención de sus deportistas al identificar un montón de cosas a corregir. Lo que propone este modelo es diferente. Una vez escogido el objetivo prioritario, es necesario que las correcciones estén relacionadas con ese objetivo. De esta forma centraremos la atención de los jugadores hacia lo que queremos conseguir, y no los distraeremos. Toda la comunicación durante el ejercicio debe estar enfocada a conseguir lo que nos hemos pretendido, y si hay algo que corregir, debe ser sobre lo que estemos persiguiendo. Aparte de eso, hay que tener en cuenta aspectos básicos del condicionamiento, como por ejemplo decir qué hay que hacer (en lugar de sólo decir lo que se ha hecho mal), reforzar las cosas que se hagan correctamente (para dar información al deportista y generar consciencia de lo que está haciendo) , o potenciar el autodescubrimiento (y por tanto la consciencia) a base de ir haciendo preguntas al deportista para que él averigüe qué ha hecho mal y qué hay que corregir.

Una vez terminado el ejercicio (o la sesión) , es absolutamente indispensable hacer una pequeña reunión para tener un feedback final . Esto es uno de los otros puntos de este modelo que no se hace habitualmente. Ya que lo hemos trabajado, ya que nos hemos dedicado a perseguir un objetivo, no debemos desaprovechar la oportunidad de generar consciencia sobre si lo hemos logrado o no, y qué nos hace falta todavía. Por ello, esta reunión es fundamental. Y hay que hacerlo promoviendo el diálogo, haciendo participar a los deportistas. Que aprendan a valorar ellos también si han alcanzado el objetivo o no. Por ejemplo, se pueden poner notas (de 0 a 10), y así consensuar con el entrenador el nivel alcanzado. Pero no sólo eso. Aparte de constatar si hemos alcanzado el objetivo o no, hay que generar consciencia también de cómo hemos sido capaces de hacerlo, y aquí hay que conectar de nuevo con la concentración. ¿De qué forma hemos estado concentrados para poder hacer bien (o no) el objetivo? ¿Qué hemos aprendido a mirar, a notar, a leer, a anticipar, etc., de forma que nos ha hecho hacer bien la tarea. Esta consciencia es básica. Es un tesoro y debemos acompañar al deportista a descubrirlo.

Marcar objetivos, dar instrucciones sobre la concentración, corregir en base al objetivo y hacer una evaluación final generando consciencia, es la estructura básica de la cadena de la consciencia, que podemos aplicar a cada ejercicio que hacemos.

Esta consciencia nos hará tener la percepción de que TENEMOS UN RECURSO trabajado, adquirido, que lo hemos aprendido. Y la percepción de tener recursos, es lo que llamamos autoconfianza. No sólo sabemos que hemos aprendido algo, sino que sabemos que ese recurso lo tenemos disponible para cuando haga falta. Es decir, que aparte de tener consciencia de tener un arma, un recurso, una destreza a punto, además sabemos de qué forma consciente podemos estar concentrados para hacerlo bien. Esta es la confianza más saludable, la que no nos traiciona nunca. En cambio, la confianza basada en los resultados o en la esperanza de hacer buenos resultados, esta sí que nos traiciona. Porque sí que es verdad que cuando se gana se genera confianza; pero también es cierto que cuando se pierde, este tipo de confianza se destruye inmediatamente. Por eso, cuando un deportista basa su confianza en lo que ha trabajado, en lo que ha aprendido, en sus fuerzas, esta confianza está por encima de los resultados, y permite que el deportista siga confiando en sí mismo a pesar de que los resultados sean momentáneamente malos.

Esta confianza lleva por tanto a un sentimiento de autoeficacia. Esta seguridad en las propias fuerzas, hará que el deportista sienta que PUEDE hacer cualquier cosa, puede afrontar cualquier reto. Pero ya sabemos que una cosa es sentirse con poder y la otra tener éxito al final. Pero como esta cadena habilita el deportista para ser capaz de confiar también en su manera de trabajar, ante cualquier obstáculo, éste se podrá interpretar más fácilmente como un nuevo reto a alcanzar, como un nuevo objetivo a trabajar. La confianza construida a través de este proceso volverá a hacer efecto. No sólo la confianza actúa ante la posibilidad de tener éxito. También actúa ante la posibilidad de fallar. Pero el deportista seguirá sintiéndose seguro y apto para asumir cualquier tropiezo y tomárselo como un nuevo reto a trabajar, de la misma forma como ha trabajado todos los demás, de la misma manera como lo hace cada día, a cada ejercicio, cada repetición.

Esto es lo que ocurre cuando un entrenador sigue esta cadena. Estos son los beneficios que provoca la cadena de la consciencia en los deportistas. Ahora ya conoce el planteamiento. El siguiente paso es utilizarlo. Desde aquí le invito a hacerlo.

Cadena de la consciencia

Joan Vives Ribó
Psicólogo del deporte
Autor de "Entrenando al entrenador..."