La cadena de la consciencia

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La cadena de la consciencia es un modelo de actuación para entrenadores, que consiste en gestionar la comunicación durante el entrenamiento de forma que faciliten a sus deportistas la generación de consciencia de lo que se ha trabajado, de qué se ha conseguido en relación a lo trabajado, y de cómo el deportista ha sido capaz de hacerlo. Esta consciencia sobre el recurso adquirido durante el entrenamiento, ayuda a tener más confianza sobre ese recurso. Esta confianza, basada en el trabajo y no en el resultado, es la mejor forma de poder afrontar con garantías cualquier reto deportivo.

La cadena de la consciencia comienza por la planificación. El entrenador plantea qué temas hay que trabajar, a nivel físico, técnico, táctico… ofensivo, defensivo, etc.

A partir del trabajo propuesto, el entrenador hace una programación distribuyendo los contenidos a trabajar para las diferentes fases de la temporada, organizándolo en ciclos, de más generales o macrociclos a más concretos o micro- ciclos. Estos microciclos, que normalmente son periodos semanales, se concretan en las diferentes sesiones de entrenamiento. Cada sesión de entrenamiento estará compuesta por diferentes actividades. Y para cada actividad, podremos activar la estructura básica de la cadena de la consciencia, que describiremos a continuación.

En primer lugar, vamos a plantear un objetivo a trabajar. El objetivo es lo que queremos conseguir  no lo que trabajamos. Esto es muy importante y hay que remarcarlo bien. Por ejemplo, si decimos ” hoy trabajaremos el servicio” (en tenis), estamos hablando del contenido, pero no estamos marcando objetivos todavía. Un objetivo describe qué queremos conseguir del servicio, o cómo queremos hacerlo. Por tanto, podemos hablar de resultados, o podemos hablar de cómo queremos ejecutarlo. De cara a generar consciencia, es crucial que los objetivos sean sobre la ejecución, sobre el proceso, es decir, referidos a CÓMO HACERLO. Si seguimos con el ejemplo de tenis, un objetivo sobre el servicio podría ser “queremos conseguir que el tenista se lance la pelota alta y recta y golpee lo más arriba posible”.

Es necesario que los objetivos cumplan las siguientes condiciones. Deben ser siempre formulados en positivo, es decir, hacer referencia a lo que queremos conseguir, y no a que lo que queremos evitar. Deben ser objetivos que el deportista pueda controlar, que dependan de su trabajo. Deben ser específicos, descriptivos, que expliquen bien qué queremos. Además, si podemos tener medidas o evidencias que nos hagan ver si el objetivo se ha alcanzado, mucho mejor. Los objetivos deben ser posibles de realizar, pero al mismo tiempo deben representar un reto, deben ser exigentes. Si se rompe este equilibrio se puede caer en el estrés (por demasiada exigencia) o en el aburrimiento (por poca). Finalmente, los objetivos deben ser coherentes con uno mismo o con los demás, si se está en un equipo. Es decir, evitar que un objetivo pueda plantear problemas en otras áreas del juego o fricciones con los demás componentes del equipo.

A partir de ahí, una vez hemos descrito qué queremos conseguir, el entrenador debe plantear cómo trabajar. Esto es un cambio respecto a lo que es habitual, ya que normalmente se presenta el ejercicio y después (si se hace) el objetivo. Pero de cara a generar consciencia de lo que queremos conseguir, es necesario priorizar esto, y por lo tanto, primero diremos qué queremos conseguir, y después explicaremos la metodología (ejercicios, actividades…) que usaremos al servicio de tal objetivo.

Aparte de explicar la dinámica del ejercicio, hay que considerar especialmente las instrucciones que damos en relación a la concentración. Es decir, explicar no sólo qué hacer sino de forma explícita en qué deben estar concentrados los deportistas en busca del objetivo. Hacia dónde deben mirar, que deben saber ver, qué deben notar… Este es otro punto que en muchas ocasiones los entrenadores no cuidan lo suficiente.

Para ayudar a marcar bien cuáles son los estímulos adecuados a atender, podemos usar palabras clave. Estas palabras pueden ser marcadas por el entrenador, pero es mucho mejor si las acaba proponiendo el deportista, señal que tiene la idea correcta en la cabeza. Debemos asegurarnos de que las palabras están conectadas en contenido y en forma con la acción que queremos hacer o con la concentración que queremos tener para hacer bien la acción. Aparte de palabras, podemos usar sonidos, onomatopeyas, u otros idiomas, hasta que encontremos lo que suena mejor y nos hace pensar mejor en lo que queremos tener en cuenta para hacer bien el trabajo. Como a veces los gestos o movimientos que trabajamos pueden ser muy cortos y explosivos, debemos buscar palabras que sean lo más cortas posibles, por si queremos usarlas justo en el momento de la ejecución. Finalmente, al igual que los objetivos , es necesario que las palabras hagan referencia siempre a lo que queremos que pase, lo que queremos hacer , lo que queremos notar, etc. , y no a lo que no queremos. O sea, siempre en positivo.

A partir de aquí ya nos ponemos a trabajar. Y por lo tanto, mientras el ejercicio ya está en marcha, ya podemos empezar a evaluar el nivel de consecución de los objetivos. La evaluación puede ser durante el ejercicio, a través de las correcciones, pero también con una evaluación final.

Las correcciones que vamos haciendo, siempre deben estar relacionadas con el objetivo planteado. Aquí es uno de los puntos donde los entrenadores se tiran más piedras en su tejado. Como están muy acostumbrados a identificar errores, los entrenadores terminan dispersando la atención de sus deportistas al identificar un montón de cosas a corregir. Lo que propone este modelo es diferente. Una vez escogido el objetivo prioritario, es necesario que las correcciones estén relacionadas con ese objetivo. De esta forma centraremos la atención de los jugadores hacia lo que queremos conseguir, y no los distraeremos. Toda la comunicación durante el ejercicio debe estar enfocada a conseguir lo que nos hemos pretendido, y si hay algo que corregir, debe ser sobre lo que estemos persiguiendo. Aparte de eso, hay que tener en cuenta aspectos básicos del condicionamiento, como por ejemplo decir qué hay que hacer (en lugar de sólo decir lo que se ha hecho mal), reforzar las cosas que se hagan correctamente (para dar información al deportista y generar consciencia de lo que está haciendo) , o potenciar el autodescubrimiento (y por tanto la consciencia) a base de ir haciendo preguntas al deportista para que él averigüe qué ha hecho mal y qué hay que corregir.

Una vez terminado el ejercicio (o la sesión) , es absolutamente indispensable hacer una pequeña reunión para tener un feedback final . Esto es uno de los otros puntos de este modelo que no se hace habitualmente. Ya que lo hemos trabajado, ya que nos hemos dedicado a perseguir un objetivo, no debemos desaprovechar la oportunidad de generar consciencia sobre si lo hemos logrado o no, y qué nos hace falta todavía. Por ello, esta reunión es fundamental. Y hay que hacerlo promoviendo el diálogo, haciendo participar a los deportistas. Que aprendan a valorar ellos también si han alcanzado el objetivo o no. Por ejemplo, se pueden poner notas (de 0 a 10), y así consensuar con el entrenador el nivel alcanzado. Pero no sólo eso. Aparte de constatar si hemos alcanzado el objetivo o no, hay que generar consciencia también de cómo hemos sido capaces de hacerlo, y aquí hay que conectar de nuevo con la concentración. ¿De qué forma hemos estado concentrados para poder hacer bien (o no) el objetivo? ¿Qué hemos aprendido a mirar, a notar, a leer, a anticipar, etc., de forma que nos ha hecho hacer bien la tarea. Esta consciencia es básica. Es un tesoro y debemos acompañar al deportista a descubrirlo.

Marcar objetivos, dar instrucciones sobre la concentración, corregir en base al objetivo y hacer una evaluación final generando consciencia, es la estructura básica de la cadena de la consciencia, que podemos aplicar a cada ejercicio que hacemos.

Esta consciencia nos hará tener la percepción de que TENEMOS UN RECURSO trabajado, adquirido, que lo hemos aprendido. Y la percepción de tener recursos, es lo que llamamos autoconfianza. No sólo sabemos que hemos aprendido algo, sino que sabemos que ese recurso lo tenemos disponible para cuando haga falta. Es decir, que aparte de tener consciencia de tener un arma, un recurso, una destreza a punto, además sabemos de qué forma consciente podemos estar concentrados para hacerlo bien. Esta es la confianza más saludable, la que no nos traiciona nunca. En cambio, la confianza basada en los resultados o en la esperanza de hacer buenos resultados, esta sí que nos traiciona. Porque sí que es verdad que cuando se gana se genera confianza; pero también es cierto que cuando se pierde, este tipo de confianza se destruye inmediatamente. Por eso, cuando un deportista basa su confianza en lo que ha trabajado, en lo que ha aprendido, en sus fuerzas, esta confianza está por encima de los resultados, y permite que el deportista siga confiando en sí mismo a pesar de que los resultados sean momentáneamente malos.

Esta confianza lleva por tanto a un sentimiento de autoeficacia. Esta seguridad en las propias fuerzas, hará que el deportista sienta que PUEDE hacer cualquier cosa, puede afrontar cualquier reto. Pero ya sabemos que una cosa es sentirse con poder y la otra tener éxito al final. Pero como esta cadena habilita el deportista para ser capaz de confiar también en su manera de trabajar, ante cualquier obstáculo, éste se podrá interpretar más fácilmente como un nuevo reto a alcanzar, como un nuevo objetivo a trabajar. La confianza construida a través de este proceso volverá a hacer efecto. No sólo la confianza actúa ante la posibilidad de tener éxito. También actúa ante la posibilidad de fallar. Pero el deportista seguirá sintiéndose seguro y apto para asumir cualquier tropiezo y tomárselo como un nuevo reto a trabajar, de la misma forma como ha trabajado todos los demás, de la misma manera como lo hace cada día, a cada ejercicio, cada repetición.

Esto es lo que ocurre cuando un entrenador sigue esta cadena. Estos son los beneficios que provoca la cadena de la consciencia en los deportistas. Ahora ya conoce el planteamiento. El siguiente paso es utilizarlo. Desde aquí le invito a hacerlo.

Cadena de la consciencia

Joan Vives Ribó
Psicólogo del deporte
Autor de "Entrenando al entrenador..."

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