Los beneficios de trabajar con el entrenador

En la Psicología del Deporte las demandas pueden provenir del deportista, del entrenador, del representante, de los padres o de la entidad (club, federación…). La mayoría de ellas hacen referencia al hecho que no se consigue competir tal como se entrena, y hay una tendencia a atribuir esta problemática a los aspectos psicológicos en general.

La primera tarea del psicólogo es recoger toda la información relevante y explorar las posibles causas, y a partir de la situación actual establecer conjuntamente con los implicados unos objetivos de trabajo orientados a conseguir el propósito de la demanda (poder rendir de forma estable al nivel real).

La experiencia del psicólogo es fundamental para poder guiar al cliente hacia su propósito a través de la metodología más eficiente, es decir, buscar efectos positivos y perdurables con la menor intervención posible.

La clave pues está en escoger cuál van a ser los agentes (entre todos los posibles demandantes del servicio) más adecuados para conseguir esta eficiencia.

Después de muchos años de experiencia con toda clase de demandas, y si tenemos en cuenta que el beneficiario final de la intervención es el rendimiento del deportista (o deportistas si es un equipo), para mí es absolutamente fundamental poder trabajar conjuntamente con el entrenador. Por varias razones, que vamos a repasar seguidamente:

El contacto deportista-psicólogo, por muy estrecho, intenso o extenso que sea, nunca será (y yo creo que nunca debe llegar a serlo) tan influenciable como el contacto con el entrenador.

Por lo tanto, la estrategia con más sentido común es hacer que el entrenador se convierta en colaborador, prescriptor y controlador de las tareas fijadas por el psicólogo. A veces no es posible, ya sea porque el entrenador no lo desea, ya sea porque el deportista no quiere que se sepa que él está trabajando con un psicólogo, ya sea  porque sencillamente en el presupuesto pactado no hay lugar para trabajar con alguien más que no sea el deportista. Aún así, yo creo que el psicólogo debe buscar fórmulas imaginativas para conseguir como mínimo que el entrenador sepa qué se está haciendo (si el deportista lo permite) y así pueda haber una coordinación básica.

La mayoría de procesos psicológicos que se trabajan para la optimización de los aprendizajes o la estabilización del rendimiento están en manos del entrenador.

A no ser que la demanda o la problemática implique problemas personales o relacionados con el entorno del deportista (trastornos clínicos, estudios, pareja…), el entrenador tiene TODAS las herramientas para manejar y conseguir orientar correctamente los aspectos psicológicos presentes en las dinámicas de entrenamiento y competición:

  • Uso correcto de la comunicación como elemento transversal y absolutamente trascendente para poder orientar correctamente todos los aspectos psicológicos
  • Estilo de dirección, toma de decisiones y liderazgo que ayuden a crear un clima de confianza donde el deportista pueda desarrollar y expresar su potencial sin temores, con confianza
  • Claridad en el establecimiento de roles y normas, para poder así asegurar su cumplimiento
  • Establecimiento de objetivos bien formulados para orientar la motivación
  • Uso correcto del condicionamiento y de la metodología didáctica para conseguir orientar al deportista más hacia el proceso de aprendizaje que no más hacia la consecución de los resultados (y más hacia la búsqueda del éxito que no más hacia la evitación del fracaso)
  • Uso de la comunicaciòn para generar consciencia acerca de los aprendizajes y la adquisición de recursos y así construir confianza saludable basada precisamente en estos recursos y no en la posibilidad de un resultado
  • Identificación de señales o estímulos adecuados para poder concentrar correctamente al deportista en cada momento
  • Manejo de la información operativa (objetivos de tarea) y anímica (emocional) para poder regular la tensión adecuada que el deportista debe dipositar para la realización de cada tarea, en entrenamiento o competición
  • Control de las expectativas para evitar percepciones de la realidad que traicionen al deportista
  • Planificación de rutinas competitivas que ayuden al deportista a afrontar la competición correctamente
  • Uso de las decisiones y el timing que permite el reglamento para poder gestionar la fatiga y la tensión
  • Uso de la informaciòn técnico-táctica para desarrollar la facultad de visualizar la ejecución
  • Valoraciones post-rendimiento que ayuden al deportista a asumir una atribución correcta, orientada hacia los aspectos propios o que se puedan controlar, en detrimento de los factores externos o excusas.
  • Etc.

Todos estos aspectos aspectos son gestionables por el entrenador, y por ello es muy recomendable que esté perfectamente asesorado, para poder sacar el mejor provecho posible de este poder que le otorga su función.

El entrenador puede a llegar a ser el mejor agente para aplicar la “psicología”

Si el entrenador está suficientemente formado, bien orientado y asesorado de forma correcta por un psicólogo, se convierte en el mejor agente para aplicar la psicología en los entrenamientos y en la competición. Cierto que el deportista puede entrenar sólo con el psicólogo en el manejo de habilidades psicológicas para después poderlas aplicar en situaciones de entrenamiento o de competición, pero el papel del entrenador es tan relevante que si él  no actúa en la misma línea o con la misma orientación, el deportista, a no ser que sea muy maduro y autónomo, difícilmente va a poder aplicar lo trabajado directamente con el psicólogo.

Por ello, si el psicólogo quiere ayudar de verdad al deportista, debe asegurarse que sus propuestas están en línea con lo que plantea el entrenador, o bien asegurarse que el deportista es lo suficientemente maduro para aplicar el entrenamiento psicológico o las prescripciones acerca de cómo gestionar los aspectos mentales paralelamente a los planteamientos del entrenador. En este caso, el psicólogo debe asegurarse que lo que se plantee en el ámbito de la intervenciòn psicológica directa con el deportista, no va a perjudicar ni al deportista ni al equipo.

Aunque la mejor opción, desde luego, es conseguir trabajar conjuntamente con el entrenador, asesorándole a él y fomentar que sea a través de él que se transmitan los efectos del trabajo psicológico.

Joan Vives Ribó
Psicólogo del deporte
Autor de "Entrenando al entrenador..."

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